Aunque pensamos que vivimos en una sociedad moderna y desarrollada, millones de mujeres están expuestas a comportamientos machistas y sexistas en su día a día. Son actitudes, muchas de ellas complicadas de demostrar, que todos debemos luchar por erradicar.

Con este artículo, queremos poner nuestro granito de arena y ayudar a todas aquellas mujeres que lo sufrís en vuestro trabajo. Os explicamos cómo defenderos y ante quién reclamar vuestros derechos.

Defiende tus derechos ante…

 

El acoso sexual

En el caso que no se haya respetado tu intimidad y dignidad en el trabajo y hayas sido víctima de acoso sexual, estás protegida por una serie de derechos. Por un lado, puedes solicitar judicialmente la extinción de tu contrato laboral y que te paguen una indemnización (que puede ser la misma que por despido improcedente). Por el otro, también tienes la posibilidad de cobrar el paro y de pedir una compensación económica por los daños y perjuicios que te hayan ocasionado.

Además, recuerda que también puedes denunciar estos hechos penalmente, ya que el delito de acoso sexual está recogido en el Código Penal.

El despido por estar embarazada o por ejercer tus derechos de conciliación laboral y familiar

Hemos de ser conscientes de que las empresas no pueden despedir a una mujer por estar embarazada o por disfrutar, por ejemplo, del permiso de lactancia o de cualquier otro derecho que tenga relación con la maternidad. Si eres víctima de esta circunstancia, puedes reclamar la nulidad del despido. La empresa estará obligada a reincorporarte en tu puesto de trabajo en las mismas condiciones.

El código de vestimenta sexista

Aunque las empresas pueden decidir cómo deben vestir sus empleados, fijando un código de vestimenta o un uniforme de acuerdo con la imagen de marca, nunca pueden obligarte, por ejemplo, a llevar zapatos de tacón. En este caso, podríamos estar ante un trato discriminatorio por razón de sexo.

La desigualdad salarial

Las empresas están obligadas a pagar el mismo salario por el mismo trabajo, con independencia de si el trabajador es hombre o mujer. Esto no sólo lo establecen las diferentes normativas nacionales e internacionales, sino que los propios convenios colectivos de las empresas recogen los salarios que se debe pagar a sus trabajadores y no se contemplan distinciones por razón de género.

Las preguntas que no te deberían hacer en una entrevista de trabajo

Se consideran una vulneración de tu intimidad aquellas preguntas que te haga el entrevistador relacionadas con religión, orientación sexual, política, raza o salud, pues no son necesarias para evaluar el rendimiento o la eficiencia del aspirante al puesto de trabajo ofertado. Así pues, preguntas del tipo “¿te gustaría formar una familia?”, “¿tienes hijos?” o “¿estás casada?” pueden ser claramente discriminatorias y vulnerar el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres. En ocasiones, se usan para cribar a las aspirantes femeninas que pretenden acceder a la vacante.

Expresiones sexistas que debemos eliminar de nuestro vocabulario:

Siéntate como una señorita, se te va a pasar el arroz, las tías no aceptáis una broma… Son algunas expresiones que, pese a que están socialmente aceptadas, ponen de manifiesto pensamientos y actitudes machistas. Aquí podéis ver algunos ejemplos bastante habituales, que os animamos a descartar para siempre de vuestro vocabulario.

  • Siéntate como una señorita.
  • Mujer tenía que ser…
  • Pero ¿quién va a querer casarse contigo, si no sabes ni freír un huevo?
  • Podrías haberte maquillado un poco, no te cuidas nada.
  • Las tías no aceptáis una broma.
  • Ah, ¿pero tú bebes cerveza?
  • Seguro que cuando eras joven eras guapísima.
  • Se te va a pasar el arroz.
  • Te vas a quedar para vestir santos.
  • ¿Sabes que la han ascendido? ¡A saber lo que habrá hecho!
  • ¿Tu marido te ayuda en casa? ¡Qué suerte!
  • Ah, ¿pero tú eres la jefa?
  • Mujer al volante…
  • Te has puesto de buen año, ¿eh? Hay que comer menos.
  • ¿La cuenta la paga el señor?