¿Qué es una cláusula de confidencialidad y qué protege?
No firmes una cláusula de confidencialidad sin saber qué implica. Te informamos de qué información protege y qué consecuencias tiene su incumplimiento.
En pocas palabras...
En muchas empresas, la información tiene un valor tan importante como sus productos o servicios. Bases de datos de clientes, estrategias comerciales, proyectos en desarrollo o procedimientos internos forman parte de un conocimiento que la empresa necesita proteger. Por ello, es habitual que algunos contratos de trabajo incluyan una cláusula de confidencialidad.
La información es uno de los activos más valiosos de cualquier empresa. Por ello, las cláusulas de confidencialidad son habituales en los contratos de trabajo para proteger determinados datos y conocimientos. Analizamos qué protegen, cuánto duran sus efectos y qué consecuencias puede tener su incumplimiento.
¿Qué es una cláusula de confidencialidad?
La cláusula de confidencialidad es un acuerdo por el que el trabajador se compromete a no divulgar ni utilizar indebidamente la información a la que accede por razón de su trabajo. Aunque suele incluirse expresamente en el contrato, también encuentra su fundamento en el deber de buena fe que rige toda relación laboral. Su objetivo es proteger la información reservada de la empresa y evitar que su difusión pueda perjudicar sus intereses.
¿Qué información protege una cláusula de confidencialidad?
No toda la información a la que accede un trabajador es necesariamente confidencial. Con carácter general, estas cláusulas protegen información que no es pública y que tiene un valor comercial, estratégico, técnico u organizativo para la empresa. Por ejemplo:
- Datos de clientes y proveedores.
- Estrategias comerciales o de negocio.
- Información financiera.
- Procedimientos internos.
- Proyectos o productos en desarrollo.
- Secretos empresariales.
¿Cuándo se utilizan las cláusulas de confidencialidad?
Las cláusulas de confidencialidad pueden incluirse en cualquier contrato de trabajo cuando la persona trabajadora tenga acceso a información que la empresa tiene interés legítimo en proteger.
Son habituales en puestos directivos, comerciales, financieros, tecnológicos o de recursos humanos, aunque podrían aparecer en cualquier categoría profesional.
¿La obligación de una cláusula de confidencialidad termina cuando finaliza el contrato?
No necesariamente.
En muchos casos, la obligación de confidencialidad puede mantenerse una vez extinguida la relación laboral, especialmente cuando afecta a información que continúa siendo reservada o constituye un secreto empresarial.
Ahora bien, esta obligación no impide que el trabajador aproveche la experiencia, conocimientos o habilidades adquiridos durante su trayectoria profesional. Lo que no puede hacer es divulgar o utilizar información confidencial obtenida en su anterior empleo.
¿Hay que compensar a la persona trabajadora por una cláusula de confidencialidad?
A diferencia del pacto de no competencia postcontractual, la cláusula de confidencialidad no exige una compensación económica específica, ya que su finalidad no es limitar dónde puede trabajar el empleado, sino proteger información sensible de la empresa.
Preguntas y respuestas sobre cláusulas de confidencialidad
Como medida de prudencia, utiliza únicamente los canales y espacios autorizados por la empresa. Poder consultar un archivo para trabajar no debe interpretarse como permiso para copiarlo a una cuenta personal. Antes de hacerlo, solicita autorización y confirma qué uso y almacenamiento se permiten.
Es recomendable que el acuerdo concrete qué documentos deben devolverse o eliminarse, en qué plazo y cómo se dejará constancia. Conviene aclarar también qué hacer con las copias y qué excepciones de conservación pueden resultar aplicables, en lugar de borrar documentación por iniciativa propia.
Lo prudente es avisar al remitente y no reenviar, copiar ni utilizar su contenido. Solicita instrucciones para su eliminación segura y, si el mensaje procede de tu organización, sigue el procedimiento interno previsto para estas incidencias.
Guarda tu copia firmada de la cláusula y sus anexos, así como las autorizaciones y aclaraciones que recibas sobre su alcance. Conservar el acuerdo no implica guardar también los archivos confidenciales de la empresa: para estos últimos, respeta las instrucciones de custodia y devolución.
La cláusula de confidencialidad no es una simple formalidad contractual. Su objetivo es proteger información que puede resultar esencial para la actividad y la competitividad de una empresa.
Como abogada laboralista, mi consejo es leer siempre este tipo de cláusulas antes de firmarlas y comprender exactamente qué información queda protegida. En la práctica, muchos conflictos no surgen por una actuación de mala fe, sino por desconocimiento de los límites que impone el deber de confidencialidad.
La prudencia y el sentido común suelen ser los mejores aliados: si existen dudas sobre si determinada información puede compartirse, es preferible consultar antes de hacerlo. Evitar un problema siempre será más sencillo que tener que resolverlo después.
